sábado, 7 de noviembre de 2009

Al abrigo de tus brazos

La situación era realmente inmejorable. Era el momento perfecto. Estábamos los dos solos, fundidos en un Eterno Presente. Vos, yo, el Mar expectante que nos contemplaba, y nadie más. Horas estuvimos así. Horas ? Días le calculo !!!, fue sencilla e increíblemente Maravilloso. El tiempo en realidad ya no existía, ni importaba siquiera. No teníamos pasado, no nos preocupaba el futuro, solo ardíamos de pasión, y llorábamos de emoción al mismo tiempo que nos consumíamos en besos y caricias. Lamentablemente, en el Clímax del Clímax de lo nuestro fue cuando me desperté, fue cuando salí expulsado de mi sueño para aterrizar de nuevo en un Universo completamente diferente, mundano, angustiante, lleno de desesperación. Fue en ese momento cuando, una vez más ingresé en la realidad y vi que estaba en el colectivo, en el 39, rumbo a Plaza Francia. Estaba en el asiento del fondo del mismo rodeado por dos hombrecitos menores de edad que transpiraban Alcohol y Drogas hasta por el último de sus poros. Malolientes, uno sostenía firmemente una navaja en mi cintura y el otro, con aliento putrefacto me repetía incesante y constantemente al oído las mismas palabras "La plata guachín, dónde tenés la plata que te corto, te juro que te corto guachín !!!".

No podía con mis nervios, lo juro. Mi pies y mis manos sudaban frío, al mismo tiempo que temblaban. Mi corazón latía apresuradamente como si quisiera escaparse de mi pecho. Quería gritar pero no podía, y el chofer se hacía el distraído. Todos se hacían los distraídos. Hasta un Policía que se encontraba sentado unos asientos mas adelante me miraba de reojo, sonreía, y fingía seguir durmiendo. "La plata guachín, dame la plata porque te juro que te corto, te corto, te corto, te corto"... y mientras el de mi izquierda le decía al que me amenazaba por mi derecha, una y otra vez, "cortálo, cortálo, cortálo, cortálo !!!"... comencé a sentir cada vez mas fuerte y punzante el filo de la navaja, la cual ya había penetrado mi piel y rozaba mis vísceras. Sentí luego un fuerte ardor en mi costado, y sangre salir a borbotones. En ese momento me entregué al Todopoderoso, nada tenía ya por intentar. No había mas nada que hacer, mi suerte estaba echada. Me entregué a mi destino, y me desmayé, o perdí el conocimiento, no lo sé. Lo único que se fue que cuando desperté yacía placidamente en mi cama, en nuestra cama, durmiendo como un bebé acurrucado entre tus pechos. Eras vos, nuevamente, quien había venido a rescatarme, una vez más, de mis sueños mas oscuros.

3 comentarios:

  1. Buenísimo!, qué viaje!!..
    Una montaña rusa emocional

    ResponderEliminar
  2. Gracias por comentar. Habrá muchos mas viajes como este, te dejo mi palabra !!!. ABRAZO.

    ResponderEliminar
  3. Lo de "Montaña rusa emocional" es GENIAL... DE ESO SE TRATA ESTO, como la música, de GENERAR EMOCIONES... en la mente como en el Espíritu. Otro ABRAZO !!!.

    ResponderEliminar